martes, 18 de mayo de 2010

Una Canasta con tunas

"Tunas y Pitayas"/ Óleo sobre tela/ 1m x 80 cm

Con tanto calor y tanta sed... es difícil concentrarse.
Nada mejor que un agua fresca, con la fruta de temporada que más se nos facilite encontrar.

Aqui en México, las cactáceas abundan (tanto, que en nuestro escudo nacional aparece el águila devorando una serpiente sobre un nopal). Son los frutos más humildes y más baratos. También son nutritivos, y poseen diferentes capacidades terapéuticas... incluso las hay con propiedades alucinógenas, como el peyote...Pero este no es nuestro tema el día de hoy.

Quise aqui retratar su intenso colorido, su variedad e incluso su jugosidad y dulzura. No puedo sustraerme a la atracción que me provoca ver los frutos de la tierra en mi país, y por eso los pinto. Se dice que alguna vez Diego Rivera llevó a Pablo Neruda a pasear por Oaxaca. Y el gran poeta declaró: "La vida de México está en sus mercados".

Y si bien los bodegones clásicos suelen ser de fondo muy oscuro, en este caso me pareció adecuado resaltar los tonos claros y brillantes.

Se pueden ver aquí desde los nopales, base de nuestra alimentación, hasta las tunas verdes y rojas -denominadas también "pitahayas"-, los xoconostles y las pitayas, que son las más grandes e insólitas: su exterior es de un rosa intensísimo, casi color fucsia, en tanto que su interior es completamente blanco, con semillitas negras.

Imagino al Peregrino volviendo a su hogar, para encontrarse con esta mesa esperándolo al fondo, en su huerto. ¿Gustan un vaso de agua de tuna bien fría?

14 comentarios:

Rayuela dijo...

gusto, claro que gusto!
tu pintura es deliciosa, como los frutos.
y tu explicación, excelente!gracias,Liz, no sabía de la existencia de las "pitahayas".

mil besos*

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

Liz:
Muy interesante, y es que en nuestra región mesoaméricana hay variedad de frutos exóticos que deslumbran con sus colores y sabores. En espacial en la región mexicana.

Un saludo y un abrazo fuerte querida amiga.

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

Humm...!
Se me antoja...!!!

LIRIO dijo...

Hola, Amiga Silvia:

Imagino que tú, por estar en el Hemisferio Sur, no estás participando de esta ola de calor que nos envuelve en mi país.
Y sin embargo, verás que un vaso de dulce agua de tuna te hará sentir refrescada.

Un gusto compartir esta jarra contigo.
¡Salud!

Y un beso

LIRIO dijo...

Ronald:

Qué bueno que repares en los COLORES de estos frutos mesoamericanos. A mi también me subyugan: no es un "rojo" común y corriente, sino un rosa super intenso, que me fue difícil obtener con los pigmentos.
Ya te serví, en un vaso de vidrio soplado típico mexicano... ¿te gustó?

Un placer tu visita.
besos

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

LIZ:
Gracias por el refrescante vaso !!! con este calor cae bien para la sed. Puedo confesarte algo: Nunca había probado antes el agua de tuna: me ha encantado !!!

Aquí en El Salvador casi no se consume esa fruta, que tiene mucho misterio, porque en el fondo no deja de ser una flor, si te das cuenta,la tuna tiene la magia de seguir siendo una flor.

Espero que el peregrino vuelva a convidarme a algo, no sé... talvez vallamos a comer unos tacos, o también pueda yo invitarlo a unas pupusas, no sé... dale mi recado, a ver si quedamos para comer.

Por el momento yo te invito a que te des una vuelta por mi blog, estube hace pocos días en Guatemala y en mi último post escribí sobre una aventura que vivi dentro de un mercado.

Saludos fraternos y lazos fuertes.

Alejo Urdaneta dijo...

No conozco la pitaya; si la tuna. ¿Tienes ojos las pitayas? Debe ser para poder admirar la mezcla de colores frescos que se despliegan sobre el cesto.
La tuna amenaza con sus dulces espinas y los arbustos cantan el coro.
Un bello cuadro para mirarlo en tiempo de lluvia.
Un beso, amada amiga.
alejo

Eli dijo...

Frente a tus pinturas, Liz querida, espacio en contínua expansión, las paredes se van alejando en cuatro direcciones y dejan al alma a solas, alivianada, con colores de parto. Dimensiones capaces de retener al sueño en su hábitat, allí donde los ojos nunca bastan y eligen nombre, erigiendo pautas. Hay agujeros en la lluvia, del tamaño de tu pisada. Y vacíos del alma, que solo tu llenas.



Cuerpos rodean la canasta, que navega en densa savia, naturaleza que exhala, otra ribera prestada, mientras las espinas salvan, a la luna derramada. Cicatríces olvidadas, maduran al eco en capas, una herida inacabada, nueva pulpa nos reclama. Tienen color de la pascua, tunas, labios y pitayas, azogue riega la franja, que desenrolla miríadas, hasta llegar a ser larva.

Besos.

LIRIO dijo...

Sí, Ronald, ya le dije a nuestro amigo cmún, el peregrino, que a ver cuándo coincidimos contigo para comer algunos tacos o unos tlacoyos de frijol. No sabemos qué son las pupusas... ¿nos las explicas?

No había reparado en que las tunas fueran flores. ¿De verdad es así? Pues qué flores más fantásticas y jugosas! Quitan la sed a los caminantes del desierto, y son dulces y frescas. Qué bueno que te gustase el agua que preparé, con sus hielos flotando.
Iré a tu blog, por supuesto. Me interesa escuchar sobre ese viaje tuyo a Guate, país que me fascina.

Un beso

LIRIO dijo...

Gracias, mi buen Alejo.
Hay pitayas y pitahayas; son distintas. Las primeras son esos frutos que describo, uno de los cuales aparece partido en el plato. Su tamaño es muy grande y su carne blanquísima, pero tienen más bien poco sabor. En cambio, las pitahayas son mucho más pequeñas, pero de un rojo oscuro y de un sabor muy dulce y concentrado. También se les dice tunas rojas.

"Los arbustos cantan el coro", declaras. Esto es hermosísimo, y ciertamente es una buena descripción del fondo del cuadro.
¿Le aplicaste el mouse a la imagen? Si lo haces, podrás apreciar la pintura mucho mejor.
¿Ya comenzó el tiempo de lluvias en Venezuela? ¡Qué envidia, amigo! Aquí estamos en una tórrida y extrema sequía, con un calorón tremendo y mucho polvo... suspirando por las primeras lluvias.
Me pregunto cuándo Tláloc, el dios de la lluvia prehispánico, tendrá a bien concedérnoslas... Ya les contaré.

Recibe un gran abrazo. Sabes la alegría que me das cada vez que te acercas a mis umbrales.

Besos frescos y dulces

LIRIO dijo...

"Cicatrices olvidadas, maduran al eco en capas..."

¡Híjoles, Eli!

Ahora sí que me sacas esta exclamación, tan mexicana, desde el fondo de mi corazón. Tus palabras son tan especiales, que tienen el poder de trasladarme a otro plano del espíritu.

Bien observas esos "cuerpos" que rodean la canasta. Este es un caso más de esos "actos inconscientes" que aparecen en mi pintura: los han observado varias gentes (entre otras, el caballero que me compró este cuadro, quien dijo haber quedado fascinado con la "mujer" que se ve entre los blanquísimos pliegues del mantel), pero te juro que no los pinté conscientemente. Pasa lo mismo que en mis montes, mis nubes, mis troncos de árbol... Salen figuras humanas del fondo de mi inspiración, sin que yo me dé clara cuenta; sólo cuando el cuadro está terminado.

Siento ser reiterativa, pero he de repetirte una vez más que es un privilegio inconmensurable para mi el contarte entre mis lector@s. Eres poeta de primerísimo nivel.

Un beso muy grande hasta esa, tu hermosa isla. Y GRACIAS por tu cercanía.

Antonio H. Martín dijo...

¡Muchas gracias, Liz!

Por tu cuadro, por el vaso de agua de tuna bien fría, y sobre todo por tu presencia en este esfera.

Un abrazo fresquito desde el viejo Madrid.

LIRIO dijo...

Gracias, Antonius, por tu visita y por tu abrazo, el cual recibo de buena gana.
Un beso a ese viejo y querido Madrid

Adolfo Rodríguez Canto dijo...

Elizabeth:
"Una canasta con tunas" sería fabuloso para incluir en un libro en preparación sobre pitayas y artes plásticas, con obras de Diego Rivera, Frida Kahlo, Manuel Álvarez Bravo, entre otros.
Le he escrito correos pero me los ha rebotado el sistema.
Ojalá pueda ponerse en contacto conmigo en la cuenta pitahaya@gmail.com
Muchas gracias
Adolfo Rodríguez