
Giró su mirada, descubriendo a su derecha esta ventana que se abría a un camino bordeado de infinitas jacarandas en flor. Su mirada siguió aquel camino que se curveaba más adelante, bañado de un tapiz de luces y sombras que lo invitaban a recorrerlo.
Sobre el alféizar, un libro y una pamela veraniega... ¿y esa luz? De momento, no supo si era pura luz o una presencia que aleteaba ante sus ojos. Se dedicó a contemplar la escena un buen rato, dejándose seducir por el conjunto de suaves tonos pastel.