
Ahh, ¡qué suerte!
Se acordó que en el morral llevaba consigo su Cuaderno de Apuntes, así como un estuche de pinturas sencillo, apropiado para ir de viaje. Siempre que podía portaba consigo este equipo elemental de trabajo, por si en el camino se le antojaba repentinamente recoger una imagen, un estudio, un boceto de cualquier cosa que llamase su atención.
Cuando abrió los ojos, tras contemplar durante un rato aquél sencillo pero inmenso cielo, empezó a recorrer con la vista lo que había cerca suyo. Entre árboles, arbustos y hierba de todo tipo, se fijó con alegría en esas pequeñas flores azules que cubrían los campos en esta época del año: esas
campanuleas que se extendían como enredaderas sobre las plantas, los troncos, los muros, las cercas... ¡eran tan bonitas!
Se puso a dibujar algunas, sueltas, simplemente para conocer sus tonos, tamaño y proporciones.

En el pueblo les llamaban
quiebraplatos, extraño y divertido nombre que toda la vida le había gustado. ¿Por qué las llamarían así? No lo sabía, pero sí había notado que sus colores y su orla delicada se parecían a unos platos de peltre o loza muy comunes hacía algún tiempo, blancos con las orillas lila-azules, o rosas... El caso es que se volvió a maravillar al ver cómo se extendían a lo largo y ancho de las superficies, cubriendo la tierra de una especie de manto sutil, de este mismo color.
Luego, quiso estudiar la planta entera, su modo de crecer y ramificarse. Ya no las vió como entidades "sueltas" o aisladas, sino que se centró en observar eso que se ha dado en llamar
el gesto de cada vegetal; su carácter, peso, textura, el modo como recogían los rayos del sol, etc... Fue así que ejecutó otro pequeño estudio de esta planta tan particular. Esta vez, tuvo mucho interés en contrastarlo contra lo oscuro de la tierra del fondo, y en vez de irse al detalle, como en el dibujo anterior, decidió tomar notas rápidas que se entretejieran entre sí para formar una especie de "tapiz" de color.

Siguió divagando en su mente, mientras lo hacía. "En inglés se les dice
morning glory. Y es un nombre adecuadísimo, por cierto, ¡pues sin duda son la gloria de la mañana (aunque su esplendor era más longevo, pues se extendía mucho más allá de la mañana, hasta la tarde. Al acercarse la noche, se iban comenzando a cerrar una a una, formando un ballet silencioso muy particular)!. Se le ocurrió otra posible explicación para esta denominación: dada su forma de campanas o trompetas, podría aludirse con este término a el anuncio de la gloria en el reino celeste, manejadas hábilmente por ángeles o hadas invisibles."*
Pero de todos sus nombres, seguramente el más bello era el de MANTO DE LA VIRGEN. Verdaderamente, era fácil imaginarse un manto azul sobre la hierba y los troncos, que los acariciaba suavemente, impregnándolas de rocío.
...Y, ¿quién portaba ese manto?
¡Qué extraño! ¿Cómo era posible que ningún pintor antes hubiera pintado a una doncella cubierta con este tipo de manto? Al menos, él no recordaba haber visto nunca este tipo de representación...

Y fue entonces que concibió la idea de hacer un cuadro ahora que volviese a su estudio. La protagonista sería una joven con cierto aire mágico, como de elfo o sílfide, vestida con este manto vegetal...
* También puede llamárseles "estrellitas azules"(
blue stars), "campanitas de boda" (
wedding bells), "azul celeste" (
heavenly blue o "platillos voladores" (
flying saucers). En latín se llaman
ipomea tricolor o violascea, y en japonés se les dice
asagao, que significa "rostro de la mañana"
En náhuatl tiene tres nombres:
tlilitzin o "negritos sagrados" (refiriéndose a sus semillas),
coaxihuitl o "serpiente verde" y
ololiuhqui. Esta última es una variedad mucho más pequeña de la misma familia, de tonos rosa-fucsia, que tiene propiedades alucinógenas.
(Se recomienda al lector clicar sobre las imágenes, para verlas agrandadas y así observar la textura del papel y de los diversos medios sobre él: acuarelas o pastel.)