"Celajes"/ Óleo sobre tela/ 120 x 80 cm *Recostado sobre aquélla suave y mullida hierba, dejó volar libremente su mente, ya sin las ataduras del caminante. Su cuerpo se había acomodado tan plácidamente en su lecho vegetal, que le fue posible olvidarse de él por completo.
Primeramente, cerró los ojos por un breve instante, registrándolo todo: esa deliciosa temperatura, el calor del sol en su cara, la brisa casi imperceptible, los cantos de los gorriones y, quizás, también el de un jilguero distante, el aroma dulce y seco de los zacates y pequeñas flores que estaban cerca, el bisbiseo de un insecto, y allá al fondo, sí, al fondo de todo un lejano rumor de agua corriendo. Y se puso entonces a evocar momentos similares que había vivido a lo largo de su vida:
Se acordó de su niñez en Puebla, de alguna vez que su padre había llevado a toda la familia a acampar en la falda del gran Volcán Popocatépetl, de la sucesión de excursiones que había emprendido en el pasado con sus más entrañables amistades y amores... Y se dijo: es evidente que éste es un estado especial, al que no se arriba con frecuencia; y aunque los episodios de mi pasado en que me he sentido así sean tan diversos y separados en el tiempo, el caso es que se conectan entre sí porque tienen en común esta sensación de libertad, de dejarse ir sin frenos al cosmos y a la eternidad, y también el pequeño destello de conciencia que nos brindan, conciencia clara de que somos una ínfima parte del Todo.
Antes de abrir los ojos de nuevo, empezaron a desfilar por su mente imágenes, de cuadros y más cuadros que había que pintar. Algunos ya los había pintado y los reconoció, pero ¡había aún tantos más por hacer! No cabía duda, cada vez constataba con mayor seguridad que era pintor irremediablemente, y que el hecho de plasmar en una superficie sus visualizaciones era su máximo anhelo. ¡Ojalá la Vida me dé TIEMPO, Tiempo y Voluntad y Claridad para realizarlos! La Vida es un ramillete tan amplio de cosas, deberes, quehaceres, actividades, inquietudes, placeres, necesidades, etc..., que resulta difícil y esforzado en extremo cultivar nuestra vocación artística.
¿De dónde sacar fuerzas, inspiración, motivación, tiempo?
Se acordó de unas palabras del gran Oscar Wilde, Maestro de los epigramas: "El Arte consiste en tener algo qué decir, y decirlo."
Ahora sí abrió sus ojos, y entre briznas de polvo dorado y haces de luz, miró hacia arriba...
*Este cuadro le fue dedicado a mi querido padre, Oskar Hentschel Castañares, quien aún lo pudo admirar antes de su muerte. Fue inspirado por su especial fascinación ante el cielo de Puebla: él siempre dijo que allá el cielo era más azul.








